Café: pobreza y cambio climático

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La superficie apta para el cultivo de café podría reducirse a la mitad en 2050 | Cord. Comercio Justo

el DiarioSolidario

El modelo actual de la industria del café no resulta sostenible ni para el medio ambiente ni para quienes lo cultivan. La producción de café sufre especialmente el impacto del cambio climático: aumento de temperaturas, alteración de lluvias, plagas y enfermedades, según el estudio “Café: La historia de un éxito que oculta una crisis”, elaborado por Commerce Equitable France y editado por la Coordinadora Estatal de Comercio Justo. Según la investigación, 25 millones de personas de más de 80 países se dedican al cultivo del café, mayoritariamente en parcelas de menos de 5 hectáreas. En su mayoría, viven en la pobreza.

El informe que analiza de manera particular el caso de Etiopía, Perú y Colombia, se publica con motivo de la celebración el 17 de junio del Día contra la Desertificación y la Sequía, revela que sin un plan para combatirlo, la superficie apta para su cultivo podría reducirse a la mitad en 2050 mientras crece la demanda.

Deforestación y pobreza

Para satisfacer el consumo creciente, se debería multiplicar por 2,5 la superficie disponible para las plantaciones. La creciente expansión de la producción de café, su modelo monocultivo, abuso de productos químicos, y la tendencia a modernizar las explotaciones generan un gran impacto en la deforestación.

Las familias caficultoras pagan el coste invisible de la producción insostenible: cambio climático, contaminación y pobreza

En un mercado que genera unos 200.000 millones de dólares al año –el segundo producto agrícola en volumen comercial después del petróleo– la desigualdad entre los distintos eslabones de la cadena se ha acrecentado. En los últimos años mientras las empresas tostadoras y distribuidoras generaron 1.177 millones de euros, los productores percibieron únicamente el 4% de las ganancias.

De los tres países analizados, en Perú y Etiopía, los caficultores generaron ingresos muy por debajo de lo que se considera el umbral de la pobreza. De hecho en 2017 fueron un 20% más bajos que en 2005. En el caso de Colombia no se pueden considerar un nivel de vida digno. Las familias a menudo no cuentan con medios suficientes para mantener sus cultivos, a veces ni siquiera para cosechar todo su café, por lo que se ven obligadas a endeudarse para satisfacer sus necesidades básicas. La situación favorece fenómenos como el trabajo infantil o la migración. A menudo sufren malnutrición e índices elevados de analfabetismo.

Comercio Justo y la agricultura ecológica

La combinación del Comercio Justo y la agricultura orgánica consolida el modelo agroforestal tradicional que permite luchar contra los efectos del cambio climático. Y favorece una mayor calidad de vida de los productores, según indica el informe. En Perú, en 2016, el 25% de las exportaciones totales de café fueron producidos bajo los principios del Comercio Justo, lo que significó para los 45.000 productores y productoras recibir un 5% más del valor total en relación al mercado convencional.

Mientras tanto, en el caso de Colombia, el café de comercio justo, que representa el 2,5% de las exportaciones y es producido por 67.000 personas. además de permitirles desarrollar un modelo agroforestal y orgánico, sus ingresos han aumentado en un 20%.

Por su parte, en Etiopía un 29% de las cooperativas cafetaleras contaban con la certificación de comercio justo. En su caso, la doble certificación y orgánica ha permitido aumentar en un 10% los ingresos de los productores y preservar el modelo agroforestal tradicional de producción que permite evitar efectos como vientos calientes, fuertes lluvias o temporadas más largas de sequía). Por otra parte, las cooperativas han logrado crear un capital colectivo e invertirlo para infraestructuras comunitarias (educación y sanidad).

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