Saluganda: educación, economía circular y agricultura ecológica como modelos de transformación en Uganda

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Roberto Gómez Prol: Licenciado en Periodismo. Máster en Comunicación Corporativa. Redactor y community manager. Voluntario en diferentes proyectos sociales, banca ética y culturales. “Nuestras decisiones individuales dan forma al mundo”.


Existen proyectos de cooperación y de desarrollo de naturaleza diferente. Programas que impulsan el cambio desde el intercambio de conocimiento, de aprendizaje y del traspaso de responsabilidades. Innovación en su introducción y en la aplicación de tendencias, procedimientos y terminologías: economía circular, agricultura ecológica o educación ambiental, pero siempre con un mismo objetivo: “la justicia social”.

Saluganda cumple ocho años. 2507 alumnos de seis colegios ugandeses de la zona de Buikwe y Mukono se benefician de un proyecto de escuelas sostenibles a través de la aplicación de la economía circular de residuos orgánicos. Durante este período a los centros educativos se les ha dotado de infraestructuras, así como de conocimiento para en un futuro mantener por cuenta propia el programa.

Saluganda

La iniciativa pretende dar respuesta a las necesidades básicas de escuelas-orfanatos mediante la puesta en marcha de letrinas secas tipo Ecosan. Su nombre se debe a que las heces siguen un proceso separado de la orina, lo cual reduce su humedad y favorece su compostaje. Estos residuos son, además, tratados con ceniza procedente de las cocinas escolares para elevar su pH y eliminar los patógenos fecales.

Además, los colegios también disponen de tanques para la recogida de agua de lluvia, criaderos de cerdos, gallineros, huertos ecológicos y árboles frutales. De este modo, se cierra un ciclo de producción basado en el compost producido en las letrinas secas y en las instalaciones ganaderas, con el que se fertiliza el huerto escolar que, a su vez, alimenta a alumnos y animales.

En los huertos se obtienen diferentes tipos de verduras para diversificar la dieta de los comedores escolares y maíz para los animales. A través de un plan de educación ambiental, son los estudiantes quienes realizan labores de mantenimiento del equipamiento. Además de aprender técnicas de agricultura y ganadería sostenibles, compostaje e higiene personal, mejoran las condiciones de vida en el centro y en sus propios hogares.

Los ingresos procedentes de la venta de parte de la producción posibilita el acceso a educación a 257 niños cuyas familias no pueden pagar la matrícula y aumentan la autosuficiencia.

Alumnos del colegio Kisimba | Saluganda

Los voluntarios mantienen un control del funcionamiento de las escuelas agrosostenibles. En la actualidad cinco, las más veteranas, son ya autosuficientes, aseguran desde Neiker-Teknalia, Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrario. La aportación económica se limita a cofinanciar la compra de piensos, material escolar y tasas escolares de los alumnos con menos recursos, además de continuar ofreciéndoles asistencia técnica agropecuaria gratis.

Cooperativas ganaderas

Desde el 2014 también se lleva a cabo un proyecto de cooperativas ganaderas de granjas de cerdos destinados a mujeres sin ingresos de familias numerosas. En la actualidad las beneficiarias son 45 madres y sus familias.

El programa se basa en la cría de cerdos a pequeña escala y en la creación de huertos. A los grupos de mujeres formados se les construía una cochiquera, se les entregaba pienso y recibían un cerdo y tres hembras. Así como se impartía nociones de cría y en horticultura. Gracias a la venta de lechones se cubrían los gastos de pienso para animales y harían frente a los gastos de escolarización de los menores. Del mismo modo, los nuevos grupos que se forman reciben lechones de los actuales para iniciar la actividad.

De la experiencia de Saluganda hemos tenido la posibilidad de hablar con el investigador de Neiker-Tecnalia, Iker Mijangos, impulsor del proyecto.

DS ¿Cuáles fueron las motivaciones que os impulsaron a crear Saluganda?

Es una mera cuestión de justicia. Entendemos que todo/a niño/a tiene derecho a una educación que le permita labrarse un futuro digno, independientemente del país en que haya nacido. Y para ello trabajamos cada día en este proyecto.

Surgió la chispa

DS ¿Por qué escogisteis Uganda, y la zona de Buikwe, más concretamente?

Realmente no fue una selección estratégica ni nada por el estilo, sino más bien circunstancial. Fuimos a conocer el proyecto de una amiga que estaba trabajando con otra ONG local, dentro del programa de Jóvenes Cooperantes del Gobierno vasco. Y casualmente la oficina de Jimmy Katende (coordinador de la ONG COGHOC-Cape of Good Hope Orphan Care estaba al lado de la suya. De su mano pudimos conocer la realidad de las escuelas infantiles en Uganda y… surgió la chispa.

DS  Hablamos de un proyecto de economía circular social ¿Qué objetivos queréis lograr con ambos proyectos?

A corto plazo tratamos de mejorar la calidad de vida de las personas que participan en el proyecto, dotándoles de las infraestructuras y la formación necesarias para que sean ellas mismas quienes mantengan vivo el proyecto en el futuro. El ciclo se basa en la reutilización del compost procedente de las letrinas secas y las instalaciones ganaderas para fertilizar los huertos familiares y escolares que, a su vez, alimentan a alumnos y animales. A medio-largo plazo esto nos permitirá extender el proyecto a nuevas escuelas y familias que lo necesitan. ¡Aún queda tanto por hacer!

Iker Mijangos con alumnos escuela Tom & Margaret | Saluganda

DS ¿Cuáles son los criterios de selección para participar en el proyecto cooperativo agrícola? ¿Y en el sistema de becas?

Nuestros compañeros ugandeses nos ayudan en las tareas de selección, ya que son ellos quienes realmente conocen a su gente, sus necesidades y también sus capacidades. En relación a las escuelas por ejemplo, se fijan en que dispongan de terreno suficiente como para desarrollar el huerto escolar, siendo esta una pieza clave del ciclo de producción sostenible que tratamos de implementar. Dentro de su alumnado, el sistema de becas está destinado a aquellos/as niños/as cuyas familias no podían pagar las tasas escolares. Ahora gracias al proyecto, reciben alimento, material escolar y pueden asistir a clase en las mismas condiciones que sus compañeros.

En cuanto al proyecto de cooperativas ganaderas, está destinado a mujeres sin ingresos que están al cargo de familias numerosas, algo que desgraciadamente es bastante habitual allí. Es un proyecto de mujeres y para mujeres, siendo nuestra compañera Mónica Mutyaba quien lo dinamiza.

¿Por qué deberíamos ponernos límites?

DS ¿Cuántas personas se benefician de ambos proyectos?

Actualmente son 2507 alumnos los que participan y se benefician directamente de la iniciativa de escuelas sostenibles. En cuanto al proyecto de mujeres ganaderas, ahora mismo son 45 familias numerosas… ¡y creciendo!

DS ¿Sería posible extrapolar vuestros proyectos a otras zonas del país y de África?

¡Claro! De hecho ese es nuestro objetivo y el acuerdo al que llegamos con las escuelas que llevan más tiempo beneficiándose del proyecto. Esto es, a medida que son más autosuficientes saben que debemos ir reduciéndoles progresivamente nuestra aportación para poder atender a nuevas escuelas en situación más precaria. De esta manera, lo que empezamos en 2011 con una escuela y 107 alumnos se ha convertido en seis escuelas y más de 2500 alumnos, y es nuestra intención incluir una séptima en 2019: se trata de la escuela “The Good Samarithan” en Mukono, siendo ésta la única escuela de la zona que admite alumnos con discapacidades motrices.

Lo mismo ocurre con los grupos de mujeres: una vez construimos las cochiqueras y les proporcionamos los primeros cerdos y el pienso, se comprometen a funcionar solas y a donar parte de los lechones para que podamos crear nuevos grupos. Así empezamos con cinco grupos, y son ya nueve.

DS Ambos proyectos se encuentran en diferentes fases de desarrollo, una vez alcanzados, ¿cuándo finalizaríais y cómo sería el proceso de supervisión de continuidad?

No nos ponemos límites ¿Por qué debiéramos hacerlo? Llegaremos hasta donde nos permitan los fondos que seamos capaces de recabar. Así como las personas que estén dispuestas a sumarse a esta historia y ayudarnos con las tareas de supervisión. Que funciona así: cada año, aprobamos un presupuesto en función de las propuestas que nos llegan de Uganda y lo ajustamos a los fondos de los que disponemos. Entonces enviamos la mitad del dinero para que comiencen las actividades y, transcurridos unos meses, nuestros voluntarios viajan allí para supervisar el grado de avance y certificar el estado de cuentas. Una vez certifican que todo está OK, enviamos la segunda mitad del dinero para afrontar las tareas pendientes y, a finales de año (que allí coindice con el fin del curso escolar) les visitamos de nuevo para cerrar el curso escolar, elaborar los informes para que nuestros patrocinadores sepan qué se ha hecho exactamente con su dinero, y acordar un nuevo plan de actividades para el año siguiente.

Para diseñar este plan nos reunimos tanto con los grupos de mujeres como con lo que allí llaman “School Committee”, una especie de asociación de madres, padres, profesores y alumnos. Todas/os ellas/os están al corriente de presupuestos, facturas, actividades…es un proyecto basado en la transparencia y por ello compartimos toda la información con todas las partes implicadas en el proyecto. Es la mejor manera de evitar cualquier tipo de fraude, ya que quien no reciba lo acordado se va a quejar, lógicamente.

Cambio de mentalidad

DS En el ámbito de agricultura, ¿cómo pueden los colegios y las mujeres, que cuentan con huertos, hacer frente a problemas de sequía?

En realidad, la zona donde desarrollamos el proyecto recibe suficiente lluvia, alrededor de 1300 l/m2 al año. Pero lo hace de forma estacional, alternando dos estaciones lluviosas con dos estaciones secas cada año. De manera que instalamos tanques de 10.000l para recoger agua de lluvia durante las estaciones húmedas y usarla posteriormente durante los períodos de sequía, principalmente para cocinar. En los huertos, los cultivos se desarrollan durante la estación húmeda y se cosechan cuando deja de llover, es algo que ellos coordinan perfectamente. Más difícil fue convencerles de la necesidad de aplicar compost en los huertos para mantener su fertilidad, ya que estaban acostumbrados a un sistema agrícola nómada de tala-quema que no es sostenible actualmente, en un país donde la población se ha duplicado en los últimos 30 años y la tierra empieza a escasear.

DS ¿Cómo se consigue transmitir el concepto de desarrollo sostenible en zonas con dificultades?

Hablando de los huertos, por ejemplo, una vez los niños interiorizan la necesidad de fertilizarlos transmiten estos aprendizajes en sus casas y el mensaje llega a más gente. Incluso los vecinos suelen acercarse a la escuela preguntando cómo hemos conseguido maíces tan grandes! Jeje. Qué mejor manera de convencer que con el ejemplo…

DS ¿Cuál sería lo más complicado de vuestro trabajo en Uganda y lo más satisfactorio?

Los primeros años tuvimos problemas con la gestión del dinero por parte de nuestros socios locales; éramos unos “pardillos” y enviábamos toda la ayuda de golpe, no prestábamos tanta atención a las facturas…y nos la colaron, claro.  Tuvimos que informar a nuestros patrocinadores, cambiar de ONG, establecer un listado de precios (gracias al trabajo de nuestras/os voluntarias/os) y diseñamos un archivo contable para que cada gasto vaya soportado por una factura identificada. Por ejemplo, cualquiera que realiza un gasto ahora sabe que tiene que informarlo y guardar el recibo, etc. Unos y otros hemos ido aprendiendo juntos y, hoy por hoy, podemos certificar que cada euro llega a donde tiene que llegar.

Y lo más satisfactorio…¡qué te voy a contar! No hay más que ver lo motivadas/os que vuelven de allí las/os voluntarias/os que nos visitan cada año, la prueba es que todas/os siguen implicadas/os a día de hoy en el proyecto, y eso dice mucho. Las risas de los niños, las palabras de gratitud de las familias, la implicación del profesorado… es algo que te cala hondo. Y yo que tengo la suerte de visitarlos cada año desde 2011 y ver cómo van mejorando, que algunas/os de las/os alumnas/os con las/los que empezamos en 2011 empiezan a graduarse…es una pasada.

Cartas infantiles

DS ¿Cómo gestionáis los casos de fraude que se han dado en vuestros proyectos?

La experiencia nos ha enseñado que el dinero es muy goloso y la necesidad allí es mucha, por eso ponemos los mecanismos para evitar que pueda haber tentaciones y en caso de que las haya ya les demostramos que no permitimos el más mínimo fraude. El que la hace la paga, y se queda fuera.

DS ¿Nos puedes contar un poco más sobre el proyecto de cartas infantiles?

La idea, una vez más, partió de ellas y ellos. El caso es que el idioma oficial en las escuelas es el inglés, pero la lengua materna de la mayoría del alumnado es el Luganda (i.e., nombre del reino al que pertenecía esta zona antes de que se convirtiera en colonia inglesa). Pero necesitan el inglés para seguir las clases y también para optar a un trabajo digno en otras zonas del país. Por eso, aprovechando que les hace mucha ilusión tener amigos en Europa, pensamos que el intercambio de cartas era una buena manera de que practicaran. Además de una estupenda vía de intercambio cultural. Así que establecimos parejas de alumnos de aquí y de allí y cada año las/os voluntarias/os hacemos de carteros para hacer llegar a unos y otros la correspondencia. Desde aquí nuestro agradecimiento a las escuelas que han querido participar en este intercambio: Plentzia Eskola, La Salle Ikastetxea, Kirikiño Ikastola y CEIP Ignacio Aldekoa.

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