Acción contra el Hambre denuncia una “emergencia” entre los refugiados sirios en Líbano por la falta de “agua segura”

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MADRID, (EUROPA PRESS) –

La falta de “agua segura” en los asentamientos informales donde viven el millón y medio de refugiados sirios en Líbano ha desatado una “emergencia” que amenaza con empeorar las ya malas condiciones de vida de estas personas, incluyendo brotes de enfermedades por falta de saneamiento e higiene, según ha denunciado este lunes Acción contra el Hambre (ACH).

En Líbano, la llegada de refugiados sirios ha supuesto un aumento del 25 por ciento de la población desde 2011, cuando empezó el conflicto armado en el país vecino, “una grave presión sobre servicios básicos como el suministro de agua y la gestión de aguas residuales que ya eran débiles tras décadas de inversión insuficiente y guerra civil”.

El país no ha firmado la Convención sobre Refugiados, de modo que los sirios carecen de dicho estatus y se ven obligados a buscar por sí mismos medios de vida. El 38 por ciento se encuentra en asentamientos informales –hay un total de 5.113— donde, conforme a la política libanesa, los servicios de agua y saneamiento son temporales.

En el valle de la Bekaa se concentra el 65 por ciento de los asentamientos informales y desde mayo hay aproximadamente 240 –unas 7.500 personas– que “no reciben ningún tipo de apoyo de agua, saneamiento e higiene, aumentando aún más su vulnerabilidad”.

“Nos hemos visto obligados a reducir su distribución de 35 a 15 litros por persona y por día para las zonas que únicamente tienen acceso a agua que no sea mediante camiones cisterna. En sitios con acceso, la cantidad se ha reducido a 10 litros”, ha indicado Edgar Barata, coordinador de agua, saneamiento e higiene de ACH en Líbano.

La ONG ha explicado que esta “abrupta escasez” obliga a los refugiados a priorizar el uso del agua, normalmente en beber y cocinar, de modo que no tiene suficiente para higiene o saneamiento. “A corto plazo, la consecuencia más inmediata de traduce en términos de mayores riesgos para la salud”, ha apuntado Barata.

A ello se suma el impacto económico. “Algunas personas ya estaban comprando cantidades adicionales de agua antes de la reducción y ahora tienen que comprar incluso más agua para ellos mismos, aumentando los gastos diarios”, ha señalado la organización humanitaria.

La falta de control sobre el tipo de agua que llega a los asentamientos informales representa también un importante riesgo para la salud. El agua que compran suele ser de muy mala calidad y suelen mezclarla en los tanques con el agua segura proporcionada por las ONG.

Tensiones sociales

Además, Barata ha alertado sobre el impacto en la estabilidad social de la población afectada, tanto refugiada como de acogida”. “El acceso a los servicios básicos (…) son factores de estrés para la tensión social”, por lo que la lucha por agua podría avivar las tensiones entre ambas comunidades y llevar a “desalojos forzosos”.

Así las cosas, “el acceso a agua segura y saneamiento básico se ha convertido en una emergencia”. En respuesta, Acción contra el Hambre reforzará con fondos de la cooperación española y sueca estos servicios básicos para cerca de 3.000 personas en el valle de la Bekaa.

“Desde Acción contra el Hambre buscamos responder a esta situación para proporcionar el nivel más básico de asistencia a estas poblaciones y garantizar su derecho a agua potable y saneamiento, reforzar la estabilidad social y abordar esta situación de emergencia antes de que llegue a niveles de crisis”, ha subrayado Barata.

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