La situación límite de Burkina Faso

Burkina Faso

el DiarioSolidario

Burkina Faso ya se enfrentaba a una de las crisis humanitarias de más rápido crecimiento en el mundo: más de 800.000 personas desplazadas en el norte y centro del país. A esta compleja tesitura se suma ser el epicentro de la crisis de la Covid-19 en el África occidental, con 635 casos confirmados en el país y 42 muertes, la mayor tasa de letalidad entre los países de su entorno. 

El impacto sanitario, económico y social de la pandemia en Burkina, como en otros países del África subsahariana, va a ser previsiblemente mucho mayor que en Europa. Un informe de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África (UNECA) calcula que al menos a 300.000 africanos fallecerán debido al Covid-19 y empujará a la pobreza extrema a 29 millones más

Esta pandemia se suma en esta parte del mundo a crisis humanitarias, sequías, conflictos políticos y a la escasez crónica de recursos; desde profesionales y equipamiento sanitario hasta trabajos en el sector formal, sin olvidarnos del acceso al agua o los servicios de saneamiento -aproximadamente las tres cuartas partes de la población no tiene acceso a instalaciones básicas de higiene en el hogar-“, explica la coordinadora de Médicos del Mundo en Burkina Faso, Ángela Sevillano.

Inseguridad alimentaria extrema

El número de personas vulnerables también es potencialmente mayor, en particular aquellas que sufren de comorbilidades (malnutrición, malaria, tuberculosis o VIH, entre otras), desplazadas internas, refugiadas y comunidades de acogida de estas poblaciones. 

Según un informe elaborado recientemente entre varios organismos internacionales como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la FAO, el Covid-19 podría casi duplicar los 135 millones de personas que experimentaron inseguridad alimentaria extrema en 55 países en 2019, pudiendo alcanzarse hasta 265 millones de personas malnutridas en 2020. 

Burkina cuenta con 1.626 facultativos y 16.945 enfermeras y enfermeros para abordar los problemas de salud de más de 20 millones de personas. Madrid tiene 6,6 millones de habitantes y cuenta con 16.861 facultativos y 20.965 enfermeras y enfermeros. La comparativa en el número de hospitales no es mucho mejor: Madrid cuenta con 33 hospitales de la red del servicio madrileño de salud para 6,6 millones de habitantes y Burkina  con 13 centros hospitalarios públicos para más de 20 millones de personas. Por no hablar de la escasez de camas de UCI, respiradores (menos de una decena actualmente para todo el país), kits de test etc. En este contexto, hacer un seguimiento epidemiológico y dar una respuesta sanitaria adecuada está lejos de la realidad. 

Además, cuando países como Burkina quiera adquirir el material sanitario necesario para responder a la pandemia van a encontrarse con un mercado dominado por aquellos países que pueden pagar el precio más alto, con el que no pueden competir, y sin capacidad interna para producir los equipos necesarios.  

Centros de salud cerrados

Sin embargo, hay una excepción: las mascarillas. Son un producto muy utilizado para protegerse contra el fino polvo sahariano, omnipresente en la vida burkinabé, aunque no son modelos homologados a nivel sanitario, sino una simple mascarilla de tela. Este polvo, por otra parte, provoca una gran incidencia de enfermedades respiratorias en la población que son otra vulnerabilidad más frente al virus.  

La situación actual de violencia en el país, escenario de constantes ataques protagonizados por grupos terroristas, es una amenaza importante para la seguridad de la región del Sahel. Esta tesitura limita la funcionalidad de muchos centros de salud en el norte del país, la zona más afectada por el conflicto. Por ende, la capacidad de detección y asistencia de casos se ve directamente afectada. 

Según datos de principio de mes del Ministerio de Salud de Burkina Faso, había 133 centros sanitarios cerrados y 156 en servicios mínimos (con un funcionamiento puntual y con personal reducido) en las cinco regiones más afectadas por la inseguridad -Sahel, Norte, Centro Norte, Boucle du Mouhoun y Este-. Esto supone más del 30% de las estructuras sanitarias de dichas regiones y deja a más de un millón y medio de personas sin acceso a atención sanitaria. 

En la región Sahel, la más afectada por la violencia, el porcentaje de centros sanitarios cerrados o en servicios mínimos a causa del conflicto alcanza el 90% en algunos distritos como el de Djibo, con 39 de sus 43 centros de salud cerrados.

Covid-19 o hambre

Otro gran reto es el de introducir las medidas de prevención y control que se recomiendan, como la higiene y el distanciamiento físico. Hay que entender cómo vive y sobrevive cada sociedad para ajustar las medidas a sus contextos. El tamaño de los hogares, el limitado acceso al agua, la intensa mezcla social entre personas jóvenes y ancianas y los medios de vida basados en la interacción diaria y frecuente para generar ingresos suficientes para alimentarse son todo un reto para implementar tales medidas de higiene y distanciamiento. 

La mayoría de la población vive al día y realiza visitas diarias a los mercados porque no hay capacidad financiera para comprar a granel y almacenar, ni capacidad energética para conservar productos frescos. El confinamiento también podría ser muy difícil -si no imposible- de implementar en zonas donde la población carece incluso de un refugio adecuado, como en áreas que albergan a un gran número de personas desplazadas.  

Las medidas de confinamiento castigan doblemente a la población más vulnerable, que es privada de sus medios de vida. ¿Morir del Covid-19 o morir de hambre? Para mucha gente en Burkina Faso no es una cuestión: comer hoy es su única preocupación. 

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