Las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera marcan un nuevo récord

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el DiarioSolidario

El Acuerdo de París está cada vez más lejos. La COP 26 debe transformar las ambiciones de los países en políticas, acciones y compromisos. Un ejemplo de la urgencia es la cifra récord de la concentración de dióxido de carbono (CO2), que alcanzó en 2020 las 413,2 partes por millón (ppm). El gas de efecto invernadero más importante contribuye al 66% del calentamiento del clima.

Hablamos de una nueva cifra sin precedentes para la humanidad, impulsada principalmente por la quema de combustibles fósiles y la producción de cemento.

La ralentización económica causada por la COVID-19 no tuvo ningún efecto evidente, aunque sí se produjo un descenso transitorio de las nuevas emisiones.

2020 Annus horribilis

En 2020, la tasa de crecimiento anual de emisiones se situó por encima de la media que se promedió entre los años 2011 y 2020, según destaca el último Boletín de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre los gases de efecto invernadero, que indica que esta tendencia se mantiene durante el año en curso.

“La cantidad de CO2 en la atmósfera superó el hito de las 400 ppm en 2015. Y solo cinco años después, rebasamos las 413 ppm. Una situación que conlleva repercusiones negativas de primer orden para nuestra vida cotidiana y nuestro bienestar, para el estado de nuestro planeta y para el futuro de nuestros hijos y nietos”, afirmó el secretario general de la OMM, el profesor Petteri Taalas.

El calentamiento del planeta, tendrá como resultado final la proliferación de fenómenos meteorológicos extremos: calor intenso, lluvias fuertes, derretimiento de las masas de hielo, subida del nivel del mar y acidificación de los océanos, que implicarán repercusiones socioeconómicas de gran alcance.

Aproximadamente la mitad del CO2 emitido actualmente por las actividades humanas permanece en la atmósfera, mientras que los océanos y ecosistemas terrestres absorben la otra mitad, aunque corren el riesgo de perder esta capacidad.

Metano y óxido nitroso

Las concentraciones de otros gases como el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O), equivalieron, respectivamente, al 262 % y al 123 % con relación a los niveles de 1750, el año elegido para representar el momento en que la actividad humana empezó a alterar el equilibrio natural de la Tierra.

El metano es un potente gas de efecto invernadero que permanece en la atmósfera aproximadamente una década y causa alrededor del 16% del efecto de calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero de larga duración.

Cerca del 40 % del metano emitido procede de fuentes naturales (por ejemplo, humedales y termitas), mientras que cerca del 60 % proviene de fuentes de origen humano (por ejemplo, ganadería de rumiantes, cultivo de arroz, explotación de combustibles fósiles, vertederos y quema de biomasa).

Por su parte, el óxido nitroso actúa como una sustancia química que agota la capa de ozono. Cerca del 60 % de las emisiones provienen de fuentes naturales y aproximadamente el 40% de causas derivadas de la actividad humana, por ejemplo, en los océanos, en los suelos, por la quema de biomasa, por el uso de fertilizantes – que han aumentado un 30% en los últimos cuatro años-, y de diversos procesos industriales.

Necesidad de cambio

“Si se mantiene el actual ritmo de aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero, el incremento de la temperatura a finales de este siglo superará de lejos el objetivo establecido en virtud del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1,5 o 2 °C por encima de los niveles preindustriales”, afirmó. “Estamos muy lejos del camino marcado”, Petteri Taalas.

Al mismo tiempo, el profesor alertó que el dióxido de carbono se mantiene en la atmósfera durante siglos y todavía más tiempo en los océanos.

“La última vez que la Tierra registró una concentración comparable de CO2 fue hace entre tres y cinco millones de años. En esa época la temperatura era de 2 a 3 °C más elevada, y el nivel del mar, entre 10 y 20 metros superior al actual, pero entonces no había 7800 millones de personas en el planeta“, explicó.

Debemos transformar nuestros sistemas industriales, energéticos y de transporte y todo nuestro estilo de vida. Los cambios necesarios son asequibles desde el punto de vista económico y viable en el plano técnico. No hay tiempo que perder”, aseguró el profesor Taalas.

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