Una de cada tres niñas de las familias más pobres no ha ido nunca a la escuela

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El trabajo en grupo ayuda a los estudiantes a aprender los unos de los otros. Esta es una de las técnicas que los profesores están enseñando desde los asesores pedagógicos para mejorar la calidad de la educación en la escuela primaria de Phonkeo, en la provincia de Saravane, RDP de Laos | Unicef

el DiarioSolidario

Cerca de una de cada tres niñas adolescentes de edades comprendidas entre los 10 y los 19 años de las familias más pobres en el mundo no ha podido ir nunca a la escuela. Así lo indica un nuevo informe de Unicef publicado con motivo del Foro Mundial de Educación. Pobreza, discriminación por sexo, discapacidad, origen étnico o lengua de enseñanza, distancia física de las escuelas y falta de infraestructuras son algunos de los obstáculos que privan a los niños más pobres del acceso a una educación de calidad. La exclusión en cada paso hacia la educación no hace más que perpetuar la situación de pobreza, y es una de las principales causas de una crisis global del aprendizaje.

El informe Abordar la crisis de educación: una necesidad urgente de financiar mejor la educación de los niños más pobres (Addressing the learning crisis: an urgent need to better finance education for the poorest children) subraya las principales disparidades en la distribución del gasto en educación pública.  La falta de fondos o su distribución de manera desigual dan como resultado clases saturadas, maestros sin la formación adecuada, carencia de materiales educativos e infraestructura escolar deficiente. Esto, a su vez, tiene un efecto negativo en la asistencia, la matriculación y el aprendizaje.

“Estamos fallando”

“Los países de todo el mundo están fallando a los niños más pobres del mundo y, al hacerlo, se están fallando a sí mismos”, señala la directora ejecutiva de Unicef, Henrietta Fore. “Mientras el gasto en educación pública esté desproporcionadamente sesgado hacia los niños de los hogares más ricos, los más pobres tendrán pocas esperanzas de escapar de la pobreza, aprender las habilidades que necesitan para competir y tener éxito en el mundo de hoy y contribuir a las economías de sus países”.

Analizando 42 países con datos disponibles, el informe señala que la educación para los niños del 20% de los hogares más ricos recibe casi el doble de la cantidad de los fondos que los niños del 20% de los hogares más pobres.

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Las mayores desigualdades del gasto educativo se producen en diez países de África,- Guinea, República Centroafricana, Senegal, Camerún, Benín, Níger, Ruanda, Ghana, Togo y Túnez -, con cuatro veces más fondos asignados a los niños más ricos en comparación con los más pobres. En Guinea y República Centroafricana, países con algunas de las tasas más altas del mundo de niños sin escolarizar, los niños más ricos se benefician hasta nueve y seis veces más, respectivamente, de la cantidad de fondos públicos para educación que los niños más pobres.

Momento crítico

Barbados, Dinamarca, Irlanda, Noruega y Suecia son las únicas naciones incluidas en el análisis que distribuyen la financiación de la educación por igual entre los quintiles más ricos y más pobres.

Asimismo, el documento señala que la falta de recursos disponibles para los menores más pobres está exacerbando una crisis educativa paralizante, ya que las escuelas no proporcionan educación de calidad a sus estudiantes. Según el Banco Mundial, más de la mitad de los niños que viven en países de ingresos medios y bajos terminan la escuela primaria sin saber leer o comprender una historia simple.

Estamos en un momento crítico. Si invertimos en la educación de los niños de manera acertada y justa tendremos la mejor oportunidad de sacar a los niños de la pobreza, ya que les daremos las habilidades necesarias para acceder a oportunidades y crear nuevas posibilidades para sí mismos”, concluye Fore.

El informe ofrece unas pautas claras para los gobiernos:

Dentro de las posibilidades de gasto interno, los fondos deben ser distribuidos de tal forma que los niños y niñas del 20% de los hogares más pobres se beneficien de al menos el 20% de la financiación para la educación.

Priorizar la financiación pública para los niveles más bajos de educación, donde los niños de los hogares más pobres están más representados, y aumentar gradualmente las asignaciones a niveles más altos cuando la cobertura sea casi universal en los niveles más bajos.

Proporcionar al menos un año de educación preescolar universal para cada niño. Esta educación es la base sobre la cual se asienta cada etapa de la escolarización. Los niños que completan la educación preescolar aprenden mejor, tienen más probabilidades de permanecer en la escuela y contribuyen más a sus economías y sociedades cuando alcanzan la edad adulta. Asignar al menos el 10% de los presupuestos nacionales de educación ayudará a lograr el acceso universal.

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