Muerte en el Mediterráneo

Seis personas murieron cada día tratando de cruzar el Mediterráneo en 2018, según un informe de ACNUR

refugiados mediterráneo
Fátima, quien huyó de la epidemia de ébola en Sierra Leona, mece a su hijo Daniel a bordo del barco de búsqueda y rescate Sea Watch en el mar Mediterráneo, en 2016. © ACNUR/Hereward Holland

el DiarioSolidario

2.275 personas murieron o desaparecieron en aguas del Mediterráneo en 2018. Seis refugiados e inmigrantes perdieron diariamente la vida mientras intentaban llegar a Europa a través de la ruta marítima más mortífera del mundo. La reducción de las operaciones de búsqueda y rescate contribuyó a empeorar la situación que se agrava en la actualidad debido a la prohibición de navegar de barcos de rescate como el Open Arms, el Aita Mari o el Sea Watch 3.

En total, llegaron a Europa 139.300 refugiados e inmigrantes, el número más bajo en cinco años, según el último informe ‘Travesías Desesperadas’, publicado por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

“Salvar vidas en el mar no es una opción, ni una cuestión política, sino una obligación ancestral”, declaró el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi. “Podemos poner fin a estas tragedias teniendo el coraje y la ambición de mirar más allá del próximo barco y adoptar un enfoque a largo plazo basado en la cooperación regional, centrado en la vida y la dignidad humanas”.

Condiciones deplorables

En la ruta de Libia a Europa, por cada 14 personas que lograron llegar, una perdió la vida en el mar, lo que representa un drástico aumento frente a los niveles de 2017. Además, se cuentan por miles las que fueron retornadas a Libia, donde viven en condiciones deplorables en los centros de detención.

El informe describe cómo los cambios en las políticas de estados europeos han provocado numerosos incidentes en los que un gran número de personas han quedado varadas en el mar durante días, a la espera de la autorización para desembarcar. Los barcos de las ONG y sus tripulaciones han afrontado mayores restricciones en sus operaciones de búsqueda y rescate.

Para muchas migrantes, poner un pie en Europa representa la última parada de un espeluznante viaje en el que han sufrido torturas, violaciones y agresiones sexuales, y la amenaza de ser secuestrados y retenidos para que se pague un rescate por ellos.

ACNUR exige a los estados tomar medidas urgentes para desmantelar las redes de tráfico de seres humanos y llevar ante la justicia a los responsables de estos delitos.

Atisbos de esperanza

Del mismo modo, también han surgido atisbos de esperanza en algunos lugares. Varios países se han comprometido a reubicar a las personas rescatadas en el Mediterráneo central, lo que podría constituir la base para una solución predecible y duradera. Los estados también prometieron miles de plazas de reasentamiento para evacuar refugiados fuera de Libia.

El informe también revela cambios significativos en las rutas que utilizan refugiados e inmigrantes. Por primera vez en los últimos años, España se convirtió en el principal punto de entrada a Europa, con unas 6.800 llegadas por vía terrestre (a través de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla). Otras 58.600 personas  cruzaron con éxito la peligrosa ruta del Mediterráneo occidental. Donde, como resultado, el número de muertos en el mar se cuadruplicó, de 202 en 2017 a 777 en 2018.

A Italia llegaron 23.400 refugiados e inmigrantes, es decir, cinco veces menos que el año anterior. Grecia recibió un número similar, aproximadamente 32.500 en comparación con 30.000 en 2017. Mientras que las personas que entraron a través de su frontera terrestre con Turquía casi se triplicó.

En otras partes de Europa, Bosnia y Herzegovina registró cerca de 24.000 llegadas de refugiados y migrantes que habían transitado a través de los Balcanes occidentales. Chipre recibió varios barcos con refugiados sirios desde el Líbano, mientras que el Reino Unido fue testigo de un reducido número de llegadas desde Francia hacia finales de año.

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