La salud naufraga en la frontera sur denuncia el abandono de la administración a los migrantes en Melilla e Islas Canarias

La salud naufraga en la frontera sur
Joven marroquí en la valla de Las Raíces Tenerife | Ignacio Marín Médicos del Mundo

el DiarioSolidario

Es difícil tratar peor a las personas y generarles más dolencias por las condiciones en las que las acogemos, señala la presidenta de Médicos del Mundo, Nieves Turienzo, tras una demoledora investigación que ha realizado la ONG sobre la salud de las personas migrantes en la frontera sur de Europa, en concreto en Melilla y las Islas Canarias. “La salud naufraga en la frontera sur, como lleva por título el documental que acompaña al informe, con testimonios de los protagonistas.

Crisis de ansiedad, insomnio, dolores de cabeza y de espalda, estreñimiento, vómitos, diarreas, brotes de sarna, hongos, sabañones. Un dolor físico que se entremezcla con una salud mental agotada: autolesiones, crisis de ansiedad y abuso de psicotrópicos. “Este diagnóstico deriva de las condiciones en las que los migrantes viven en los recursos de acogida que ofrece la Administración”, denuncia la ONG.

Centros insalubres

La mayoría de los centros habilitados para responder a esta emergencia humanitaria son insalubres, tienen una mala alimentación y persisten en un hacinamiento que imposibilita cumplir las medidas de seguridad en plena pandemia de Covid-19, continúan desde la organización.

Las personas migrantes denuncian escasez de comida y agua potable, así como la carencia de una dieta mínimamente equilibrada, que deriva en problemas digestivos. Pasé de comer tres bocadillos al día en el centro en el que estaba a compartir un trozo de pollo con decenas de personas en la calle explica Makha, un joven senegalés que dejó el alojamiento adonde le llevaron por sus malas condiciones y ahora sobrevive en las calles de Tenerife.

Del mismo modo, las condiciones higiénicas muestran un acceso restringido a las duchas y al agua corriente, así como escasez de inodorosConseguí un pantalón y un calzoncillo semanas después de llegar. Cuando llovió un día, las aguas fecales entraron en la carpa, fue entonces cuando me fui a vivir a la calle, porque pensé que la situación no podía ser peor a la que teníamos en el centro, explica Younes, un chico marroquí que ha pasado por varios recursos en la isla de Gran Canaria.

Médicos del mundo denuncia la situación de las instalaciones del V Pino en Melilla. “Superaron los límites de lo humanamente tolerable, generando un riesgo altísimo de salud pública. Estas instalaciones contaban únicamente con tres baños y una ducha para más de 200 personas, que no eran debidamente limpiadas y desinfectadas. El inadecuado sistema producía que las aguas fecales llegaran a las carpas donde dormían estas personas.

La salud mental, al límite

Médicos del Mundo alerta del crítico estado de la salud mental de estas personas. Los migrantes cargan con el sufrimiento generado por la decisión de migrar. Un viaje extremadamente peligroso -la canaria es la ruta más mortal para alcanzar Europa- y las condiciones de acogida expuestas. Los grandes macrocentros tampoco cuentan con actividades de esparcimiento, ocio e integración. La falta de expectativas, de información y apoyo psicológico conviven con el miedo a ser repatriados y tener que afrontar un nuevo fracaso.

Cuando una persona viene sufriendo después de una travesía muy dura hay que atenderles, y hay que hacerlo con dignidad y humanidad. Sin embargo pensamos que la condiciones de acogida no han servido para reparar ningún sufrimiento, sino para crearlo”, apunta Inmaculada González, responsible de migración de Médicos del Mundo Canarias.

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Los centros de emergencia habilitados no cuentan con suficientes profesionales de salud mental con capacidad para tratar todas las dolencias que presentan los pacientes, que abarcan desde trastornos del sueño y frustración a situaciones de ansiedad y depresión, e incluso conductas disruptivas, autolesiones e intentos de suicidio. La imposibilidad de una atención adecuada es manifiesta y deriva en algunos casos en el abuso de psicotrópicos para tratar cuadros psicológicos, recoge el trabajo “la salud naufraga en la frontera sur”.

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